Charla Coloquio Sobre Vacunación y Salud Cardiovascular

Asociación Canarios con Corazón le está invitando a una reunión de Zoom programada.

Tema: Vacunación y Salud Cardiovascular

DIA 26 DE ENERO MARTES a las 18:00 horas Hora insular canaria. 19:00 hora central europea (Península)

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ID de reunión: 541 048 7972
Código de acceso: L12udq

DIA 26 Martes a las 18:00 horas

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IECA y ARA II

IECA y ARA II

Son fármacos para tratar la hipertensión arterial y otras patologías cardiovasculares como la insuficiencia cardiaca. En general, son fármacos seguros y se toleran bien.

son los IECA y ARA II?

Son fármacos utilizados habitualmente para el tratamiento de la hipertensión arterial. Actúan bloqueando a distinto nivel el sistema renina-angiotensina, un mecanismo que tiene el organismo para regular de forma precisa la presión arterial. Estos fármacos constituyen un pilar fundamental, no solo para el tratamiento de la hipertensión arterial, sino también para otras patologías cardiovasculares como la insuficiencia cardiaca o la cardiopatía isquémica, ya que reducen el riesgo de muerte o de padecer eventos cardiovasculares.

¿Cómo puedo saber si estoy tomando un IECA o ARA II?

Estas familias de fármacos están compuestas por un importante número de moléculas muy similares en su estructura. Por regla general, todos los IECA tienen un nombre genérico del principio activo acabado en –PRIL (enalapril, ramipril, perindopril, etc.) y los ARA II suelen acabar en –SARTAN (telmisartan, candesartan, valsartan, etc.).

¿En qué casos están indicados?

  • Tratamiento de la hipertensión arterial
  • Insuficiencia cardiaca
  • Enfermedad coronaria
  • Diabetes mellitus e insuficiencia renal en el adulto (para evitar pérdida de proteínas en orina)

Riesgos del tratamiento

Antes de iniciar el tratamiento con estos fármacos es aconsejable conocer la función renal, porque si hay una estrechez de las dos arterias que llevan la sangre a los riñones, el uso de IECA o ARA II podría empeorar dicha función. Tampoco se deben utilizar durante el embarazo, ya que pueden provocar alteraciones en el feto.
Aun así, en general son fármacos seguros y bien tolerados. Los principales efectos secundarios aparecen si se produce una bajada excesiva de la presión arterial que puede dar lugar a mareos o sensación de debilidad. Además, el uso de IECA o ARA II puede provocar:

  • Tos seca. Los IECA además tienen un particular efecto secundario que es la aparición de tos seca persistente. Aunque no es un efecto secundario muy frecuente (aparece únicamente en el 15% de los pacientes), se soluciona sustituyendo el tratamiento de IECA por un tratamiento con ARA II, que no tienen este efecto secundario.
  • Reacción alérgica. De forma excepcional, un paciente puede experimentar tras el primer uso una reacción alérgica a estos fármacos, el angioedema, que consiste en una hinchazón de la lengua que dificulta la respiración. En estos casos nunca se deben volver a utilizar estos fármacos.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Betabloqueantes

Betabloqueantes

Son una clase de fármacos utilizados para tratar diversas patologías cardíacas como hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca, angina de pecho, arritmias o miocardiopatía hipertrófica.

¿Qué es un betabloqueante?

La regulación del sistema nervioso se realiza por medio de unas sustancias llamadas catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Para ejercer su acción, estas sustancias tienen que unirse a unos receptores localizados en la superficie de las células, llamados receptores adrenérgicos. Uno de estos receptores es el llamado receptor beta-adrenérgico, que se encuentra fundamentalmente en el corazón, las arterias y los pulmones. Cuando se estimula este receptor con la llegada de la catecolamina, se elevan la frecuencia cardíaca, la presión arterial y contractilidad cardíaca. Un betabloqueante es un fármaco que bloquea el receptor beta adrenérgico, de tal forma que impide la unión de la catecolamina y evita su estimulación. El efecto final es una reducción de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la contractilidad (fuerza del corazón) favoreciendo la diástole (llenado) cardíaca y con esto mejorando la función del corazón y el flujo de sangre a las arterias coronarias.

¿En qué casos están indicados los betabloqueantes?

enfermedades cardíacas:

  • Angina de pecho. Los betabloqueantes reducen las necesidades de oxígeno del corazón al reducir la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la fuerza que ejerce el corazón. Aumentan el flujo de sangre a las arterias coronarias, por lo que consiguen reducir los síntomas de angina de pecho. Evitan el remodelado cardiaco y producen una mejoría de la función ventricular.
  • Prevención de nuevos infartos. En las personas que han tenido un infarto de miocardio, los betabloqueantes son capaces de reducir el riesgo de tener un nuevo infarto o de morirse por causa cardíaca.
  • Arritmias. Los betabloqueantes son eficaces para el control de ciertos tipos de arritmia, especialmente aquellas que se acompañan de taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca).
  • Insuficiencia cardíaca. Los betabloqueantes son un pilar fundamental del tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Cuando el corazón ha perdido fuerza, los betabloqueantes pueden mejorar esta situación además de reducir el riesgo de muerte, las tasas de hospitalización y aliviar los síntomas de insuficiencia cardíaca.
  • Miocardiopatía hipertrófica. La miocardiopatía hipertrófica es una enfermedad del músculo cardíaco en la que lo encontramos muy engrosado, esto no permite un adecuado llenado de las cavidades del corazón. Los betabloqueantes pueden mejorar la función ventricular y alivian los síntomas de esta enfermedad al disminuir la frecuencia cardíaca.
  • Hipertensión arterial. Los betabloqueantes son fármacos que reducen la presión arterial y se pueden utilizar para el tratamiento de personas hipertensas, solos o en combinación con otros fármacos.

otras enfermedades no cardíacas:

  • Glaucoma (aumento presión intraocular). Los betabloqueantes administrados en forma de gotas oculares se utilizan para el control del glaucoma.
  • Ansiedad. Los betabloqueantes no reducen la ansiedad pero pueden controlar síntomas asociados a la ansiedad como el temblor y la taquicardia.
  • Hipertiroidismo. Los betabloqueantes ayudan a controlar los síntomas asociados.
  • Migraña. Los betabloqueantes ayudan a reducir el número de ataques migrañosos.

¿Cuáles son los posibles efectos secundarios?

Los betabloqueantes son fármacos bien tolerados y, en la mayoría de los casos, el paciente no experimenta ningún efecto secundario. Sin embargo, debido a su mecanismo de acción, algún paciente puede experimentar alguno de estos efectos:

  • Sensación de mareo o inestabilidad. Especialmente si el fármaco baja demasiado la presión arterial o la frecuencia cardiaca. Muchas veces se resuelve ajustando la dosis.
  • Sensación de cansancio o astenia. Puede ocurrir especialmente al inicio del tratamiento y se manifiesta especialmente en situaciones que requieren esfuerzo físico intenso.
  • Asma. Las personas asmáticas deben comunicarlo a su médico antes de iniciar el tratamiento con estos fármacos, ya que podrían producir crisis de broncoespasmo (disminución de la luz de las vías aéreas).
  • Disfunción eréctil. Al igual que el resto de medicamentos utilizados para la hipertensión arterial, los betabloqueantes pueden causar disfunción eréctil.
  • Otros efectos secundarios posibles serían la frialdad de piernas y manos o trastornos del estado de ánimo.

¿Qué precauciones debo tener si tomo este tratamiento?

Hay que procurar no olvidar la dosis diaria de medicamento y no debe de abandonar el tratamiento sin consultar previamente al médico.

Si el paciente experimenta cansancio excesivo, debilidad, depresión, mareos o dificultad para respirar, es importante informar al médico.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Trasplante

Trasplante

Consiste en la sustitución del corazón que presenta una enfermedad terminal por el corazón sano de una persona fallecida. Aunque tras el trasplante cardíaco existen riesgos, como la infección o el rechazo, la calidad y expectativa de vida ha mejorado mucho en los últimos años.

¿En qué consiste el trasplante cardíaco?

Es la sustitución del corazón, cuando presenta una enfermedad terminal del músculo cardíaco, por el corazón sano de una persona fallecida. El donante tiene criterios de muerte cerebral, incluyendo ausencia de respiración espontánea, y mantiene sus funciones básicas por estar conectado a un respirador.

¿Cuándo se realiza el trasplante cardíaco?

El trasplante cardíaco está indicado en pacientes con insuficiencia cardíaca terminal (el corazón no se contrae adecuadamente, bombeando muy poca sangre a cuerpo), con mala calidad y mala expectativa de vida, y sin respuesta al tratamiento médico óptimo o a la cirugía convencional.

La mayoría de las trasplantes se hacen en pacientes con enfermedad terminal del músculo cardíaco (miocardiopatía dilatadao isquémica), con una función muy deprimida del ventrículo izquierdo. Con menos frecuencia se indica en otras situaciones especiales que producen daño irreversible del corazón y en algunas cardiopatías congénitas.

En aquellos pacientes en los que el trasplante tiene menor probabilidad de prolongar la expectativa de vida, por un aumento de complicaciones (por ejemplo infección activa) o por una expectativa de vida limitada (por ejemplo comorbilidades), no se indica el trasplante.

Evaluación pretrasplante

En aquellos pacientes en los que el trasplante tiene menor probabilidad de prolongar la expectativa de vida, por un aumento de complicaciones (por ejemplo, infección activa) o por una expectativa de vida limitada (por ejemplo, comorbilidades), o consumo de tóxicos (tabaco, alcohol, drogas psicoactivas) no se indica el trasplante.

Se debe evaluar la presencia de otras condiciones médicas antes de elegir a una persona para trasplante:

  1. Hipertensión pulmonar irreversible (aumenta el riesgo de fallo ventricular derecho en el posoperatorio inmediato, por lo que se debe evaluar si esta se puede controlar con medicamentos para así elegir a los pacientes).
  2. Infección activa o cáncer. El trasplante está contraindicado por el riesgo de empeorar la situación clínica a consecuencia de la medicación que se debe tomar tras el mismo.

Se deben evaluar otras condiciones de forma individual con cada paciente:

  • Edad (se debe evaluar el riesgo propio de cada paciente entre los 55 y 60 años)
  • Diabetes (se deben elegir aquellos pacientes que no presentes complicaciones asociadas a la diabetes)
  • Enfermedad pulmonar avanzada
  • Enfermedad hepática avanzada (aumenta el riesgo de muerte antes y posterior al trasplante)
  • Enfermedad renal crónica (el uso de medicamentos inmunosupresores tras el trasplante puede empeorar la función renal al ser tóxicos para el riñón)

Riesgos del trasplante

Los principales riesgos del trasplante son:

  • Rechazo agudo. La reacción del organismo ante un órgano que les ajeno produce una reacción defensiva (inmune) que, si no es controlada, puede destruir ese órgano. Por eso es necesario administrar medicamentos que disminuyen la respuesta inmunitaria (inmunosupresores), como ciclosporina A, corticoides y otros. El rechazo es más frecuente en los primeros meses.
  • Infecciones. Las infecciones son la principal causa de muerte después del trasplante cardíaco. Por eso hay que mantener un equilibrio con la inmunosupresión: si es escasa habrá rechazo, si excesiva, infecciones.
  • Enfermedad coronaria. Esta enfermedad evoluciona lentamente y suele aparecer de forma tardía.
  • Cáncer. Los medicamentos inmunosupresores aumentan el riesgo de cáncer en el trasplantado. Excluyendo el cáncer de piel, la incidencia media es del 4% de los pacientes trasplantados, mucho mayor que la esperada en el resto de la población con edad similar.
  • Toxicidad por los inmunosupresores. Algunos de estos medicamentos pueden producir hipertensión arterial, insuficiencia renal o insuficiencia hepática.

Pronóstico del trasplante

Si se tienen en cuenta todos los trasplantes realizados desde que se consolidó el programa de trasplante cardíaco en España (1984), la supervivencia media es mayor del 60% a los 5 años y del 50% a los 10 años. En los últimos años los resultados son mucho mejores. Actualmente se supera la supervivencia del 70% a los 5 años. El trasplante cardíaco supone una posibilidad de tener una vida activa y razonablemente normal para pacientes que, sin este tratamiento, tendrían una muy mala expectativa de duración y calidad de vida.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Estatinas

Estatinas

Las estatinas son unos fármacos que actúan sobre el metabolismo de los lípidos (colesterol, triglicéridos) y disminuyen el riesgo de sufrir infartos de miocardio, infartos cerebrales o muerte cardiovascular en diferentes poblaciones.

¿En qué consisten las estatinas?

Las estatinas no tienen una acción curativa y solo en una minoría de los pacientes ocurre una regresión de la aterosclerosis, sin embargo, producen una estabilización de la placa de ateroma, reversión de la disfunción endotelial y disminuyen la trombogénesis. Actúan disminuyendo la fracción perjudicial del colesterol LDL y evitan que este se acumule en las arterias del cuerpo (incluidas las coronarias). Al igual que actúan sobre otros niveles del metabolismo de los lípidos como es la reducción de los triglicéridos y el aumento discreto de la fracción buena del colesterol (HDL). De esta forma, disminuye la progresión de estenosis (obstrucciones) en las arterias coronarias. Además, las estatinas tienen efectos antinflamatorios en las arterias, lo que disminuye el riesgo de que se produzcan trombos (coágulos de sangre) en el interior de las arterias y, por tanto, el riesgo de infarto agudo de miocardio.

¿En qué casos están indicadas?

En pacientes con infarto agudo de miocardio o angina de pecho inestable. También en pacientes con infarto de miocardio antiguo o angina de pecho estable, o en pacientes que tienen muchos factores de riesgo cardiovascular, pero no tienen enfermedad sintomática.

Estatinas más utilizadas

Hay distintos tipos de estatinas como, por ejemplo, la atorvastatina, simvastatina, rosuvastatina, pravastatina, fluvastatina, pitavastina y lovastatina. Se emplean y se indican, según la evidencia que existe dada por los diferentes estudios. Las más utilizadas son:

  • Atorvastatina. Es la más utilizada en el mundo y cuenta con estudios científicos en todos los escenarios de enfermedad cardiovascular: pacientes con infarto de miocardioen fase aguda o angina de pecho inestable, pacientes que han sufrido un infarto de miocardio en el pasado o con angina de pecho estable y pacientes que tienen factores de riesgo cardiovascular (como hipertensión o diabetes), pero que no tienen todavía enfermedad cardiovascular.
  • Simvastatina. Es la primera estatina que demostró disminuir la mortalidad en pacientes con colesterol alto que habían tenido un infarto de miocardio.
  • Rosuvastatina. Es la última estatina que se ha comercializado. El estudio más importante con este medicamento muestra un beneficio de disminución del riesgo cardiovascular en sujetos con actividad inflamatoria aumentada, pero sin enfermedad cardiovascular conocida.
  • Pitavastina. Nueva estatina con perfil de seguridad similar a las otras estatinas y de eficacia para reducir los niveles de colesterol parecida.

Riesgos del tratamiento

  • Las estatinas pueden producir alteraciones hepáticas. Estas alteraciones son poco frecuentes, reversibles en la inmensa mayoría de los casos y fácilmente detectables con análisis de sangre. Ocasionalmente las alteraciones obligan a suspender el tratamiento.
  • En raros casos pueden producir alteraciones musculares que obligan a suspender el tratamiento. Los síntomas musculares que se pueden presentar varían ampliamente desde mialgias (dolor muscular), miosistis (inflamación muscular) hasta rabdomiolisis (destrucción y muerte celular muscular). Estos pueden aparecer semanas o meses después del inicio del tratamiento con estatinas.
  • Otras complicaciones son aún más raras.
  • En los casos en que están indicadas, los beneficios son mucho mayores que los riesgos, pero deben utilizarse solo con indicación del médico, que conoce cuándo hay que usarlas y qué estatina se debe utilizar en cada caso.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Cirugía de revascularización coronaria

Cirugía de revascularización coronaria

Es una intervención quirúrgica que utiliza venas de la pierna, o arterias de otra parte del cuerpo, para desviar la sangre posterior a la obstrucción de las arterias coronarias, que son las que suministran sangre oxigenada al corazón.

 ¿Para qué sirve esta cirugía?

La misión de la cirugía de revascularización coronaria (en inglés, Coronary Artery Bypass Grafting, CABG) es suministrar sangre a las zonas del corazón que más sufren la falta de riego como consecuencia de la aparición y crecimiento de las lesiones coronarias.

¿En qué casos está indicada?

En las personas con enfermedad coronaria se forman depósitos de colesterol y grasas, denominados placas (lesiones), en las arterias coronarias. Este proceso se denomina aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) y es progresivo. Si se sigue depositando material en la placa, las arterias coronarias pueden obstruirse de forma parcial o completa y, por consiguiente, el corazón puede no recibir suficiente oxígeno transportado por la sangre. Si esto sucede, puede llevar a una angina de pecho o, incluso, a un infarto de miocardio.

Mediante la cirugía de revascularización coronaria se aporta sangre a las zonas que están detrás de las lesiones coronarias y que, por tanto, son las que menos riego reciben.

Está indicada en pacientes con enfermedad coronaria extensa (afectación de varios vasos), tras un infarto agudo de miocardio en el que no fue posible la revascularización percutánea.

¿Cómo se realiza?

Se cose a la arteria coronaria (detrás de las lesiones) una nueva arteria o vena que vienen desde la arteria subclavia o desde la aorta. Si hay más de una arteria obstruida, se utilizarán más vasos sanguíneos para revascularizarlas (esto se denomina cirugía de revascularización mediante doble, triple o cuádruple bypass aortocoronario). Además, la cirugía puede realizarse de dos formas:

  • Con bomba. Si se utiliza una bomba de circulación extracorpórea, la bomba realiza el bombeo de sangre en lugar del corazón y esto se denomina cirugía convencional ‘con bomba’.
  • Sin bomba. Si no se utiliza una máquina de circulación extracorpórea, se denomina cirugía a corazón latiente o ‘sin bomba’.

Durante la operación, con el fin de prevenir la formación de coágulos de sangre, se administran fármacos que diluyen la sangre, denominados anticoagulantes.

¿Cómo es la recuperación?

Después de la cirugía, los pacientes se recuperan en la unidad de cuidados intensivos y los días posteriores son trasladados a la planta. Muchos regresan a su casa aproximadamente 5-7 días después de la cirugía. El paciente tardará de 4 a 6 semanas en sentirse más fuerte y reanudar sus actividades normales.

complicaciones puede tener esta intervención?

Las complicaciones mayores incluyen sangrado que requiera reintervención quirúrgica, infarto de miocardio, fallo cardíaco, arritmias, accidentes cerebrovasculares, alteraciones de la función cognitiva, problemas pulmonares, infección, fallo renal y muerte.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Antiagregantes

Antiagregantes

La aspirina, el clopidogrel, el triflusal y la ticlopidina son los más usados. Evitan la formación de coágulos y son vitales en el tratamiento de la enfermedad cardiovascular.

¿En qué consiste los antiagregantes plaquetarios?

Las plaquetas son un componente sanguíneo cuya misión es prevenir las hemorragias mediante la formación de un coágulo en cualquier zona de sangrado, interrumpiendo de ese modo la pérdida de sangre e iniciando las tareas de reparación. Sin embargo, este mecanismo de defensa puede ser muy perjudicial si se pone en marcha dentro de un vaso sanguíneo, debido a que el coágulo puede obstruir la circulación de la sangre. Si el coágulo se forma en una arteria coronaria el resultado es la aparición de un infarto de miocardio por interrupción del flujo sanguíneo al corazón, de ahí la importancia de los fármacos antiagregantes.

Los fármacos antiagregantes plaquetarios actúan sobre las plaquetas impidiendo que se inicien los procesos que llevan a la formación de un trombo, por lo que son un pilar fundamental del tratamiento de la enfermedad cardiovascular.

Fármacos más utilizados como antiagregantes

Aspirina

Es el fármaco más utilizado para la prevención del infarto de miocardio y también en su tratamiento, ya que reduce la mortalidad si se administra precozmente durante un infarto. También es necesario su uso en los procedimientos de revascularización coronaria (angioplastia), previene el cierre o estenosis del muelle (stent) que se la implantado en el vaso enfermo y de forma indefinida en pacientes que ya han tenido un infarto o un accidente vascular cerebral, para prevenir la aparición de nuevos eventos.

Tienopiridinas

Dentro de esta familia de medicamentos encontramos el clopidogrel, prasugrel, ticagrelor, la ticlopidina. Tienen un mecanismo de acción distinto al de la aspirina, su uso ha sido ampliamente estudiado y validado. Algunos de ellos como la ticlopinida no se utilizan actualmente por sus efectos adversos no presentados con los demás.

En general el clopidogrel es usado conjuntamente con la aspirina, potenciando el efecto sobre las plaquetas. Se utiliza para sustituir a la aspirina en pacientes que no la toleran, y uso conjunto en pacientes que han tenido un síndrome coronario agudo o a los que se les ha implantado un stent coronario (los estudios han mostrado la eficacia del uso de dos fármacos antiagregantes en la prevención de nuevos eventos o estenosis del stent).

Administración intravenosa o inhibidores de la glicoproteína IIb-IIIa

Su administración es exclusivamente hospitalaria en caso de un síndrome coronario agudo.

Riesgos del tratamiento con antiagregantes

  • Aumenta el riesgo de sangrado, aunque generalmente son sangrados leves. Esta posibilidad se incrementa cuando se combinan varios antiagregantes o con un anticoagulante.
  • Tiene un efecto erosivo sobre la mucosa gastroduodenal, favoreciendo la aparición de úlceras gastroduodenales. De allí que, en la mayoría de los casos, este tratamiento se acompañe con uno de protección gástrica.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Anticoagulación

Anticoagulación

Impiden la coagulación de la sangre. Se utilizan en pacientes con valvulopatías o síndrome coronario agudo. Su empleo requiere ciertas precauciones.

¿En qué consiste la anticoagulación?

La formación de coágulos es un mecanismo complejo que tiene como finalidad prevenir el sangrado tras sufrir un daño. Sin embargo, en ocasiones la formación de coágulos puede desencadenar un infarto de miocardio, infarto cerebral, o formación de coágulos en las venas o dentro de las aurículas del corazón, y en estos casos, la administración de fármacos anticoagulantes es fundamental.

Los anticoagulantes, como su propio nombre indica, son fármacos que impiden la coagulación de la sangre, evitando por tanto la formación de coágulos o impidiendo su crecimiento y favoreciendo su disolución (desaparición) en caso de que ya se hayan formado.

Fármacos más utilizados como anticoagulantes

Heparinas de administración intravenosa (heparina no fraccionada) o subcutánea (heparinas de bajo peso molecular)

Las heparinas son medicamentos que actúan inhibiendo indirectamente la trombina (formación de coágulos) uniéndose a la antitrombina acelerando su mecanismo de acción. Las heparinas no fraccionadas (HNF) son de administración intravenosa y requieren un control estricto para evitar la sobre o subdosificación.

Las heparinas de bajo peso molecular (HBPM) surgen como resultado de la depolimerización (fraccionamiento) química o enzimática de la HNF, dando lugar a moléculas más pequeñas. Al igual que las HNF actúan sobre la misma vía para producir su efecto anticoagulante; sin embargo, a diferencia de estas se unen menos a las células, se absorben mejor por vía subcutánea y tienen menor unión a proteínas plasmáticas lo que hace que solo requiera su administración 1 o 2 veces al día y que no requieran control de laboratorio.

En la patología cardiaca, estas heparinas (fundamentalmente la enoxaparina o fondaparinux; heparinas de bajo peso molecular) son esenciales en el tratamiento del síndrome coronario agudo (angina inestable o infarto de miocardio). También es imprescindible durante el cateterismo, para prevenir que se formen coágulos al introducir los catéteres y ponerlos en contacto con la sangre, y al manipular las arterias coronarias.

Anticoagulantes orales

Especialmente el acenocumarol, más conocido como sintrom, aunque también está disponible la warfarina (aldocumar). Estos fármacos actúan sobre la vitamina K, necesaria para que funcione todo el mecanismo de la coagulación. Se utilizan para la prevención a largo plazo de diversas complicaciones tromboembólicas. En cardiología su uso más frecuente es en la fibrilación auricular y en las valvulopatías (prótesis valvulares).

El tratamiento con anticoagulantes orales debe ser siempre controlado cuidadosamente. La dosis se ajusta a cada persona después de hacer un análisis de sangre y diversos fármacos (amiodarona, omeprazol, carbamacepina, AINES, tiroxina, antibióticos de amplio espectro entre otros) o incluso el tipo de dieta puede tener interacciones (el efecto del anticoagulante se incrementa o disminuye), de ahí que sean precisos frecuentes controles para ajustar la dosis.

Fuente: Fundación Española del Corazón

Hemofiltración

Hemofiltración

Es un método efectivo para remover líquido con ventajas que incluyen el ajuste del volumen y la tasa de eliminación del líquido, no efecto sobre los electrolitos séricos (sodio, potasio…) y una disminución de la actividad neurohormonal.

qué consiste la hemofiltración?

La hemofiltración consiste en el uso de un gradiente de presión hidrostática para inducir la filtración del agua plasmática a través de la membrana del hemofiltro. El proceso de hemofiltración elimina pequeños solutos (urea y electrolitos) en aproximadamente la misma concentración que lo hace el plasma. Por tanto, no hay cambios en las concentraciones plasmáticas de estos con la hemofiltración.

¿En qué casos está indicado?

Ha demostrado su utilidad en el control de la sobrecarga hídrica y de las alteraciones metabólicas que se producen en el paciente críticamente enfermo con fallo renal agudo, que no responde al tratamiento convencional (régimen diurético agresivo) y no tolera otros métodos de diálisis como hemodiálisis o diálisis peritoneal.

Fuente: Fundación Española del Corazón

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